El Karesansui, denominado comúnmente jardín zen, es un jardín de estilo japonés que se compone de elementos naturales, principalmente arena y rocas.                

Los primeros datos sobre la existencia de jardines japoneses señalan al período Nara (710-794 d.C.) según estos datos, los primeros jardines nacieron dentro del palacio imperial.      

El nacimiento del jardín japonés con fines espirituales y no solamente estéticos (lo que se conoce como "jardín zen") vino dado por la necesidad de crear un espacio recogido y adecuado para la meditación.

El trabajo más antiguo del mundo sobre la planificación de jardines-Sakuteiki (Tratado sobre Diseño de Jardines)- fue escrito en Japón, probablemente durante la segunda mitad del siglo XI. Se cree que el autor fue Tachibana Toshitsuna, nieto de un noble poderoso llamado Fujiwara Michinaga. Tachibana heredó su interés por la horticultura de su padre, quien fue un maestro en la planificación de jardines. Existen trabajos anteriores que versan sobre temas de horticultura, pero el Sakuteiki es el trabajo más antiguo en el que se explica cómo proyectar un jardín. El Sakuteiki fue escrito fundamentalmente como una guía para los aristócratas del Período Heian, en Kyoto, la capital del país. De una lectura detenida se desprende que los japoneses habían dominado ya en ese tiempo los principios de la jardinería paisajística, introducidos en el siglo VII desde China y la península de Corea. Japón desarrolló su propio estilo de jardinería, para inducir la sensación de grandes ambientes en espacios más pequeños se representaba el paisaje natural creando estanques y pequeños islotes para representar el mar y las islas, así como rocas para representar las montañas. Escenarios similares se veían en otras partes de Asia, pero la realización japonesa era única. El autor del Sakuteiki nos cuenta que hay que colocar las cosas "en su lugar apropiado". Cuando colocamos algunas rocas, primero tenemos que poner cuidadosamente una de ellas y después situar la siguiente "justo en su sitio". Con ello se crea una tensión estética entre las rocas. Este principio fundamental ha sido seguido desde entonces por los diseñadores japoneses de jardines.

Años más tarde, el principio de la tensión artística fue utilizado en los accesos empedrados (roji) que conducen a las casas de té. En su búsqueda de la tranquilidad, los jardineros japoneses orientaron las rocas de forma horizontal, a diferencia de lo que se practicaba en los jardines de China.

El estilo de la jardinería japonesa no ha permanecido estático. Con el tiempo se fueron introduciendo nuevo estilos. El jardín ideal del siglo XI, como es descrito en el Sakuteiki, fue tomado de escenas del Yamato-e (antiguo estilo de pintura japonesa), muy de moda en aquel tiempo, reproducciones de forma tridimensionales. Durante el Período Kamakura, en el sigo XIII, los jardineros japoneses adoptaron con entusiasmo las últimas tendencias chinas. En esos momentos, la pintura china favorecía el estilo de tintas monocromas Suiboku-ga, con su énfasis en la expresión controlada. En la imitación de este estilo pictórico, se colocaban, especialmente en grupos, rocas características, simbolizando las montañas que se elevan sobre espacios de arena blanca, que a su vez simbolizaban el océano. Este estilo se llama Karesansui (paisaje árido), y se convirtió en un ideal durante el Período Muromachi (siglos XIV y XV). El estilo Karesansui fue adoptado fundamentalmente por los templos Zen, por su expresión austera.

En los últimos años, la creciente tendencia en la introducción del estilo oriental ha incrementado significativamente las posibilidades y soluciones decorativas occidentales. En gran parte, este cambio es debido a los jardines zen, que están siendo muy utilizados en las viviendas modernas por su capacidad de dar armonía y equilibrio al ambiente. Estos jardines japoneses se componen principalmente de arena y rocas, así como de otros elementos naturales como cuarzo, bambú, en jardines zen para interior a veces se utilizan también bonsáis. También se utilizan velas para iluminar el jardín zen, aportando calma y serenidad. En la cultura zen, la arena simboliza la plataforma sobre la cual existimos, las piedras representan los obstáculos y tropiezos que sufrimos a lo largo de nuestra vida. No debemos sentirnos culpables por los errores o fracasos, debemos aprender de ellos. Las piedras simbolizan las experiencias y peldaños que avanzamos en nuestra vida. Los cristales de cuarzo representan a los seres vivos, que permiten recibir, almacenar y transmitir energía positiva, ayudando a crear una sensación de armonía y equilibrio en los espacios. Finalmente el jardín zen se complementa con velas, pudiendo incluir otros elementos decorativos como plantas de bambú, inspirando paz y vitalidad.